Las fantasías siempre han sido un tema tabú en nuestra sociedad. Se les ha asociado con la depravación y el mal gusto, y se han relacionado con fiestas llenas de coelhinhas de Playboy, desnudas y sonrientes. Sin embargo, ¿qué pasaría si te dijera que las fantasías pueden ser mucho más que eso? ¿Qué si te dijera que pueden ser una herramienta poderosa para mejorar tu vida y tu bienestar emocional?
A menudo nos enseñan que las fantasías son solo escapismo, una forma de evadir la realidad y sumergirnos en un mundo de deseo y placer. Pero la verdad es que las fantasías pueden ofrecer mucho más que eso. Pueden ser una fuente de autoconocimiento, una manera de explorar nuestros deseos más profundos y entender mejor nuestras emociones y necesidades.
Las fantasías son una parte natural e intrínseca de la sexualidad humana. Desde una edad temprana, comenzamos a explorar nuestros cuerpos y nuestras mentes, y a imaginar diferentes situaciones y escenarios que nos parecen excitantes. Sin embargo, la sociedad a menudo nos enseña a sentirnos avergonzados de nuestras fantasías, especialmente si son consideradas “poco convencionales”. Esto puede generar sentimientos de culpa y vergüenza, y puede llevar a que las personas repriman sus deseos y emociones.
Pero reprimir nuestras fantasías no es sano. Ignorar nuestros deseos y necesidades no los hace desaparecer, sino que puede generar más frustración y ansiedad. Las fantasías son una forma de expresión y una manera de conectarnos con nuestro ser interior. Son una herramienta poderosa que nos permite explorar diferentes aspectos de nuestra sexualidad y descubrir quiénes somos y qué nos gusta.
Entonces, ¿por qué asociamos las fantasías con fiestas llenas de coelhinhas de Playboy? La respuesta es simple: la sociedad nos ha enseñado que solo ciertas fantasías son “aceptables”. Se nos ha dicho que solo debemos fantasear con cosas “normales” y “socialmente aceptables”, y se nos ha hecho creer que cualquier cosa que se salga de ese molde es inmoral o pervertida. Pero la verdad es que no hay nada malo en tener fantasías, siempre y cuando sean consensuadas y no hagan daño a nadie.
Además, las fantasías pueden ser una forma de satisfacer nuestras necesidades cuando no podemos hacerlo en la vida real. Por ejemplo, si tienes una fantasía con alguien que no puedes tener en la realidad, puedes cumplirla en tu mente y obtener placer y satisfacción de esa manera. Esto no significa que no tengas una vida sexual satisfactoria, sino que estás explorando tus deseos y necesidades de una manera segura y saludable.
Otra forma en que las fantasías pueden ser beneficiosas es a la hora de mejorar nuestra vida sexual. Al conocer nuestras fantasías y deseos, podemos comunicarlos a nuestra pareja y trabajar juntos para hacerlos realidad. Esto puede mejorar la intimidad, la conexión y la satisfacción en la relación, ya que ambos están trabajando en conjunto para satisfacer sus necesidades y deseos.
Sin embargo, es importante recordar que nuestras fantasías no definen quiénes somos. No deberíamos sentirnos avergonzados o culpables por tener ciertas fantasías, ni deberíamos juzgar a los demás por las suyas. Cada persona es diferente y tiene sus propias fantasías y deseos, y eso es algo hermoso y natural.
En resumen, las fantasías no son solo para fiestas llenas de coelhinhas de Playboy desnudas y sonrientes. Son una parte natural y saludable de nuestra sexualidad, y pueden ser una herramienta poderosa para mejorar nuestra vida y bienestar emocional. En lugar de juzgarlas o reprimirlas, deberíamos abrazar nuestras fantasías y utilizarlas para conocernos mejor y mejorar nuestra vida sexual. Así que la próxima

